ÍNDICE:
1.
Introducción
.
2. Principio
de funcionamiento
.
3. Historia y
evolución de la turbina de gas.
4. Partes
principales de la turbina de gas.
1.
Introducción
Las turbinas
de gas son turbomáquinas que, de un
modo general, pertenecen al grupo de máquinas
térmicas generadoras y cuya
franja de operación va desde pequeñas potencias
(30 KW para las microturbinas)
hasta 500 MW para los últimos desarrollos. De esta forma,
compiten tanto con
los motores alternativos (ciclos termodinámicos OTTO y
DIESEL) como con la
instalaciones de vapor de pequeña y media potencia.

Figura
1:
Situación de las turbinas en el conjunto de
máquinas.
Sus
principales ventajas son su pequeño peso
y volumen en relación a su potencia y la flexibilidad de su
operación. Esto
hace que sean máquinas cuyo uso para determinadas
aplicaciones, especialmente
las referidas a la generación de electricidad y a la
propulsión de buques y
aviones, esté en claro aumento. Al ser máquinas
rotativas presentan una clara
ventaja frente a los motores alternativos, por la ausencia de
movimientos
alternativos y de rozamientos entre superficies sólidas
(como las que se dan
entre pistón y camisa), lo que se traduce en menores
problemas de equilibrado y
menores consumos de aceite lubricante, que además no
están en contacto con
superficies calientes ni con productos de
combustión.
Comparadas
con las turbinas de vapor, las
turbinas de gas apenas tienen necesidades de refrigeración,
lo que facilita
enormemente su instalación. Además, su baja
inercia térmica les permite
alcanzar su plena carga en tiempos muy bajos, lo que las hace ideales
para
determinadas aplicaciones en las que se requiere variaciones de carga
rápidas
(regulación de red o abastecimiento de picos de demanda).
Esta simplicidad comparada con turbinas de vapor y con motores
alternativos
otorga a las turbinas de gas dos ventajas adicionales: un mantenimiento
sencillo comparado con otras máquinas térmicas y
una elevada fiabilidad. En
efecto, la reducción de las necesidades de
lubricación y refrigeración, la
continuidad del proceso de combustión y la ausencia de
movimientos alternativos
hace que la probabilidad de fallo disminuya. Una instalación
de generación eléctrica
basada en una turbina de gas puede alcanzar con facilidad valores de
disponibilidad superiores al 95% y valores de fiabilidad cercanos al
99% si la
instalación está bien diseñada, bien
construida, bien operada y con un adecuado
nivel de mantenimiento.
No obstante, también tienen algunos inconvenientes
importantes, entre los que
hay que destacar dos: la alta velocidad de rotación y su
bajo rendimiento
(30-35%) comparado con los motores alternativos diesel (algunos
desarrollos ya
alcanzan el 50% de rendimiento) o con las turbinas de vapor (valores
del 40%
son muy normales).
Normalmente
se entiende por turbina de gas el
conjunto formado por los siguientes elementos:
- Compresor,
responsable de la elevación de presión del fluido
de trabajo.
- Sistema
de aporte de calor al fluido.
- Elemento
expansor, o turbina propiamente dicha.
Sus
aplicaciones son muy variadas, siendo su campo
de aplicación el más amplio entre los motores
térmicos. Inicialmente se
utilizaron para la realización de trabajo
mecánico. Posteriormente se
trasladaron al campo de la aeronáutica como elemento
propulsor, sobre todo a
partir de la segunda guerra mundial. Más tarde se utilizaron
como elemento
motor para la generación de energía
eléctrica, aplicación para la que se han
desarrollado modelos específicos que han tratado de
adaptarse a las exigencias
de ese mercado. La posibilidad de aprovechar el calor de los gases de
escape
para producir vapor aprovechable en la industria como
energía térmica o para
producir más energía eléctrica (en los
denominados ciclos combinados gas-vapor)
han provocado una auténtica revolución en el
mercado de la generación
eléctrica, donde la turbina de vapor ha sido la reina
indiscutible durante
muchos años.
2.
Principio
de funcionamiento
Una turbina
de gas es un motor térmico rotativo de
combustión interna, donde a partir de la energía
aportada por un combustible se
produce energía mecánica y se genera una
importante cantidad de calor en forma
de gases calientes y con un alto porcentaje de oxígeno.

Figura
2:
Flujos en
una turbina de gas.
El ciclo
térmico que representa esta máquina es el
ciclo Brayton. La máquina sigue un ciclo abierto, puesto que
se renueva
continuamente el fluido que pasa a través de ella. El aire
es aspirado de la
atmósfera y comprimido para después pasar a la
cámara de combustión, donde se
mezcla con el combustible y se produce la ignición. Los
gases calientes,
producto de la combustión, fluyen a través de la
turbina. Allí se expansionan y
mueven el eje, que acciona el compresor de la turbina y el alternador.
3.
Historia y evolución
de la turbina de gas
Hoy en
día, el diseño de turbina de gas que se ha
impuesto está basado en un compresor axial multietapa, una
cámara de combustión
interna y una turbina de expansión, todo ello construido de
una forma bastante
compacta que da idea de un equipo unitario. Pero al diseño
de turbina
predominante hoy en día se ha llegado después de
una larga evolución
desarrollada a lo largo del sigo XX, principalmente.
La primera
referencia al fenómeno en que se basa la
turbina hay que buscarla en el año 150 A.C
de manos del filósofo egipcio Hero, que
ideó un pequeño juguete llamado
Aeolípilo, que giraba a partir del vapor
generado en una pequeña caldera (figura 3). El juguete era
una pura
elucubración mental, pues no se tiene constancia de que
jamás fuera construido.

Figura 3: Aeolipilo
de Hero.
En 1687 Isaac
Newton anuncia sus leyes del
movimiento. Entre ellas, la tercera ley anunciaba que existe un
equilibrio
entre acción y reacción: “para cada
acción habrá una reacción de la misma
fuerza e intensidad pero de sentido opuesto”. Un ejemplo
puede verse en la
figura 4 Cuando las fuerzas se equilibran, son iguales en todas las
direcciones. Pero al pinchar el globo o soltar la boquilla ocurre una
acción
que desequilibra el sistema.

Figura 4: 3ª
Ley de Newton.
La primera
turbina de gas realmente construida fue
concebida por J.F. Stolze en 1872 a partir de una
patente de Fernlhougs, y construida
realmente entre 1900 y 1904. Constaba de un compresor axial multietapa,
un
intercambiador de calor que precalentaba el aire antes de entrar en la
cámara
de combustión, utilizando los gases de escape de la turbina
para este fin, y
una turbina de expansión multietapa. A pesar de lo genial
del diseño, el poco
éxito fue debido al bajo rendimiento tanto del compresor
como de la turbina,
por las bajas relaciones de compresión y la baja temperatura
máxima alcanzada
en función de los materiales disponibles en la
época.

Figura
5:
Turbina diseñada por Stolz en 1872. (A) Compresor axial
multietapa; (B) Turbina de reacción multietapa; (C)
Precalentador de aire de
admisión con los gases de escape.
La
relación de compresión era sin duda uno de los
retos a superar para el desarrollo de las turbinas, pues mientras no se
consiguieran compresores eficaces era imposible desarrollar turbinas
con
rendimientos que permitieran su desarrollo. Los primeros
turbocompresores
axiales de rendimiento aceptable aparecen en 1926, A.
A. Griffith
establece los principios básicos de su teoría del
perfil aerodinámico para el
diseño de compresores y turbinas, y es a partir de
aquí cuando se emprende el
desarrollo de los compresores axiales. La teoría del perfil
aerodinámico
expuesta por Griffith es sin duda un importante hito en el desarrollo
de las
turbinas de gas tal y como las conocemos hoy en día, y
gracias a los
conocimientos desarrollados por Griffith se consiguió
desarrollar compresores y
turbinas de alto rendimiento.

Figura
6:
Cortesía de ASEA Brown Boveri AG. La primera turbina de gas
industrial para generación eléctrica, presentada
en 1939 en la
Swiss
National
Exhibition en 1939. Su potencia era de 4000 KW.
Hasta 1937 todos los desarrollos de turbinas de gas
tenían una finalidad
industrial, y no conseguían competir con los motores
alternativos a pistón,
debido siempre a su bajo rendimiento máximo (20%). Pero sus
características de
bajo peso y pequeño volumen hicieron que un poco antes del
inicio de la segunda
guerra mundial comenzara el desarrollo de turbinas para uso
aeronáutico.
Así, Whittle en Gran Bretaña en 1930
concibió y patentó el uso de un reactor
como medio de propulsión. Alemania, por su parte,
también desarrolló en
paralelo su primer motor a reacción para
aviación. En 1939 Heinkel hizo volar
el primer avión utilizando un motor a reacción de
gas. No obstante, con las
mayores velocidades alcanzables aparecieron nuevos problemas
aerodinámicos que
tuvieron que ir solucionándose. Hasta el final de la guerra
(1944-1945) no se
consiguió que un avión propulsado consiguiera
volar de forma eficiente.

Figura
7: HE
178 de Heinkel.
Este uso
masivo del motor de reacción unido a los
nuevos conocimientos de aerodinámica permitió el
desarrollo de turbomáquinas
con alto rendimiento. De esta forma, a partir de los años 60
el uso del reactor
se generalizó y en la década de los 70
prácticamente toda la aviación de gran
potencia era impulsada por turbinas.
El desarrollo de la turbina de gas ha tenido históricamente,
pues, tres
obstáculos que han dificultado y ralentizado su desarrollo:
- La
relación de compresión del compresor y su
rendimiento.
- La
resistencia de los materiales para poder usar altas temperaturas en la
cámara
de combustión y en las primeras etapas de la turbina.
- En
menor medida, la dificultad para controlar todo el sistema de forma
manual.
El desarrollo
de la turbina de gas sólo ha sido
posible tras desarrollar un compresor axial a partir de la mejora de
conceptos
aerodinámicos, que han permitido altas relaciones de
compresión. El segundo de
los pilares ha sido la innovación tecnológica en
el campo de los materiales,
con el desarrollo de nuevas aleaciones monocristal y recubrimientos
cerámicos.
Esto, unido un profundo estudio de la refrigeración interior
del alabe ha
permitido alcanzar temperaturas muy altas tanto en cámara de
combustión como en
las primeras ruedas de álabes.
La tercera de
las claves ha sido el desarrollo de
la informática. El empleo de ordenadores ha permitido por un
lado poder simular
determinadas condiciones y comportamientos, para así mejorar
los diseños. Por
otro, ha permitido desarrollar sistemas de control que permiten de
forma muy
sencilla para el operador arrancar, parar y vigilar los principales
parámetros
de operación de la máquina minuto a minuto, y
además pueden diagnosticar el
estado técnico del equipo y predecir futuros fallos.

Figura
8:
Interior del compresor de alta presión de una turbina
industrial. El diseño aerodinámico de los
álabes es una de las claves de su
excelente rendimiento.
En la
década de los 70 se intensificó el uso de
turbinas para generación de electricidad. Así, en
1974 se construyó la primera
instalación de 50 MW. En España, la primera
turbina de gas de gran tamaño (260
MW) se puso en marcha en el año 2002, arrancando la era de
las centrales
térmicas de ciclo combinado que ya había
comenzado hacía tiempo en otros
países.
4. Partes principales de la
turbina de gas.
Los principales elementos de la turbina de gas son cinco: la
admisión de aire,
el compresor, la cámara de combustión, la turbina
de expansión y el rotor. A
continuación se detallan las principales
características de cada uno de estos
elementos.

Figura
9:
Turbina de gas. Partes
principales.
4.1
Admisión de aire
El sistema de
admisión de aire consta de todos los
elementos necesarios para que el aire entre en la turbina en las
condiciones
más adecuadas de presión, temperatura y limpieza.
Para ello cuenta con filtros
de varios tipos, que se encargarán de eliminar la suciedad
que pueda arrastrar
el aire; y de una serie de sistemas que acondicionarán la
temperatura para
facilitar que entre a la turbina la mayor cantidad posible de masa de
aire.
4.2 Compresor
de aire
La
función del compresor es elevar la presión del
aire de combustión (una vez filtrado) antes que entre en la
cámara de
combustión, en una relación que varía
según la turbina pero que normalmente
está comprendida entre 10:1 y 40:1. Esta
compresión se realiza en varias etapas
y consume aproximadamente las 2/3 partes del trabajo producido por la
turbina.
El control de
la entrada de aire para la combustión
se realiza variando el ángulo de inclinación de
las ruedas iniciales de álabes
del compresor. A mayor ángulo, mayor cantidad de aire de
entrada al compresor,
y por tanto, a la turbina. Este método se usa para mejorar
el comportamiento a
carga parcial de la turbina de gas, como se verá
más adelante.
Una parte del
aire del compresor se utiliza para
refrigeración de álabes y de la cámara
de combustión, de forma que aproximadamente
un 50% de la masa de aire es usado para este fin.
4.3
Cámara de combustión
En ella tiene
lugar la combustión a presión
constante del gas combustible junto con el aire. Esta
combustión a presión
obliga a que el combustible sea introducido a un nivel de
presión adecuado, que
oscila entre 16 y 50 bar.
Debido a las
altas
temperaturas que pueden alcanzarse en la combustión y para
no reducir demasiado
la vida útil de los elementos componentes de la
cámara, se trabaja con un
exceso de aire alto, utilizando del 300 al 400% del aire
teórico necesario, con
lo que se consigue por un lado reducir la temperatura de llama y por
otro
refrigerar las partes más calientes de la cámara.
Parte del aire que procede
del compresor, se dirige directamente hacia las paredes de la
cámara de
combustión para mantener su temperatura en valores
convenientemente bajos. Otra
parte se hace circular por el interior de los álabes de la
turbina, saliendo
por orificios en los bordes que crean una película sobre la
superficie de los
álabes
4.4 Turbina
de
expansión
En la turbina
es donde tiene lugar la conversión de
la energía contenida en los gases de combustión,
en forma de presión y
temperatura elevada (entalpía), a potencia
mecánica (en forma de rotación de un
eje). Como se ha indicado antes, una parte importante de esta potencia
es
absorbida directamente por el compresor.
Los gases, que entran a la turbina a una temperatura de 1200-1400ºC
y una presión de 10 a
30 bar., salen a
unos
450-600ºC.
Esa alta temperatura hace que la energía que contienen pueda
ser aprovechada
bien para mejorar el rendimiento de la turbina (con un sistema conocido
como
REGENERACIÓN, que consiste en utilizar estos gases para
calentar adicionalmente
la mezcla en la cámara de combustión) o bien,
como es más habitual, para
generar vapor en una caldera de recuperación. Ese vapor
posteriormente se
introduce en una turbina de vapor consiguiéndose un aumento
del rendimiento
global igual o incluso superior al 55% (el rendimiento de la turbina de
gas es
de 30-35%).
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